Si, debería dormir. Es tarde y mañana tengo tantas cosas que hacer, pero simplemente no puedo, cierro los ojos y no pasa nada, no quieren cerrarse, no quieren despedirse del mundo y descansar.
En el día me da sueño, no me concentro y cuando tengo la oportunidad ahora de dormir no puedo porque simplemente no tengo ganas.
Pensamientos…
Recorren mi mente y se adueñan de ese vital espacio reservado al descanso. Le pido a esos pensamientos que me dejen tranquilos por último unas 4 horas, si, eso es todo lo que espero dormir hoy, o a lo mejor menos.
Se que muchos se sentirán identificados con el título, porque me doy cuenta que cada vez son más los seres humanos que padecemos este maldito síndrome de tener unos relojes circadianos al revés y/o tener cosas en que pensar que le quitan tiempo al día, dejando de la noche solo un espacio para seguir pensando, dándole vueltas a esos asuntos que carcomen el alma, y casi siempre envenenan el espíritu, porque nada que se piense durante tanto tiempo, puede ser bueno.
Aquí estoy, escribiendo simplemente como no lo hacía hace algún tiempo, escuchando Yann Tiersen para acordarme de cosas pasadas y al mismo tiempo para disfrutar a virtuosos de la música.
Quiero dormir, que Morfeo me de su soplo de arena mágica y pueda recostarme en sus amplios jardines y conversar con él, en una fantasía a lo Nail Gaiman, sombría pero no aterradora, profunda pero liviana, tan llena de matices como la vida misma.
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